QUIÉNES SOMOS

El CEIP Marcelo Usera es un colegio público de infantil y primaria muy pequeñito y singular que está ubicado, en el distrito de Usera-Villaverde, en calle Perales de Tajuña 1.

Pertenemos a la Dirección de Área Territorial de Madrid capital que depende de la Consejería de Educación e Investigación de la Comunidad de Madrid.

Somos un centro línea 1 (una clase por curso) y estamos catalogados por la Administración educativa como “centro de dificil desempeño (dadas las características y necesidades de la población escolar a la que atendemos).

Además somos, desde hace más de 12 años, Centro Preferente para alumnado con TEA, contando en nuestro colegio con dos aulas de apoyo a este alumnado, el aula Palmas y el aula Palmitas.

La comunidad educativa la formamos aproximadamente unos 20 maestros (la cifra puede variar un poquito cada curso académico), 2 TSIS (Técnicos Superiores en Integración Social), 1 administrativa, los miembros del Equipo de Orientación (orientadora y PTSC) , el personal auxiliar de comedor y limpieza y nuestros 225 alumn@s y sus familias.

También, cada curso escolar, otros profesionales externos se unen con gran vocación y devoción a nuestra labor, formando parte, sin lugar a dudas, de nuestra Comunidad educativa : psicólogos del Plan de éxito escolar, monitores de extraescolares, profesionales de Cruz Roja, Cáritas, miembros de la Fundación Yehudi Menuhin (Payaso Pilili), voluntarios del Programa “Deporte y Discapacidad”, etc.

Desde hace más de 5 cursos académicos somos Centro de Formación tanto para alumn@s de Integración Social (tenemos establecidos convenios con el IES Pío Baroja y con Salesianos de Atocha) como para estudiantes (de distintas universidades públicas) del Grado de Magisterio de Educación Primaria.

Desde el curso 2018-2019 colaboramos en un proyecto de investigación sobre accesibilidad cognitiva en el proceso de evaluación psicopedagógica del alumnado con TEA.


QUÉ ESCUELA SOÑAMOS

Soñamos con una escuela donde las criaturas sientan la acogida de unos brazos enormes que reciban sus singularidades con apertura y amor. Un espacio consciente de la diversidad infinita donde cada quien reciba lo que necesita.

Soñamos con una escuela en la que aprender pase por disfrutar. Descubrir desde la vivencia, conquistar saberes desde la experiencia. Una escuela que proporcione múltiples caminos para llegar a donde cada ser pueda alcanzar. El aprendizaje será un acto de libertad.

Soñamos con una escuela que fomente el pensamiento desde el espíritu crítico, donde cada voz sea igual de importante. Una escuela que escuche todo lo que cada criatura trae al mundo.

Soñamos con una escuela donde arte y educación se den la mano para encontrarse, dando la oportunidad de explorar la creatividad en sus miles de ramificaciones. Las inteligencias múltiples hallarán así su lugar, sea este la música, sea la corporalidad o la inteligencia intrapersonal. Una escuela compensadora de las desigualdades de toda índole, incluyendo la que entiende la inteligencia como un bloque único y excluyente.

Soñamos con una escuela donde se inventen espacios para la participación colectiva y cada cual tenga un lugar donde aportar su sabiduría.

Soñamos con una escuela donde los libros de texto sean libros de consulta y no libros de cabecera. Donde el aprendizaje sea construido por sus protagonistas, guiado por las maestras y maestros. Que el punto de partida sean los intereses y las motivaciones y, desde ahí, hilvanar el currículo, organizándolo desde la mirada infantil sin dejar nada fuera.

Soñamos con una escuela donde las criaturas vean crecer su alegría, cada día, con la ilusión de lo nuevo y la conexión con su saber.

Una escuela que, cuando llegue el momento de partir para ir al Instituto, les dibuje una sonrisa cada vez que la evoquen en su memoria. Una escuela que aprende.

“Marceladas, 2021”